Es un hecho cultural muy repetitivo, de que los movimientos políticos de izquierda en Latinoamérica, tienen la tendencia de hacer en política exterior todo lo contrario a las posiciones que asumen los países de la OTAN, como una forma de referir que son diferentes, independientes y antiimperialistas, como ocurrió cuando Cuba tenía la presidencia del grupo de países No Alineados y no pudo condenar la invasión soviética de Afganistán en 1979, lo que hoy en día se repite en la situación política que asumen los actores gubernamentales en nuestra región, donde consideran a Israel y no a Rusia un agresor. No faltará un cínico que dice con respecto a los niños que Israel los mata, Hamás los venga y Rusia se los lleva a un mejor lugar para vivir.
No es exagerado pensar que en la medida que pasen los días, veremos una cumbre de emergencia de la Celac para condenar la guerra en Gaza y el suministro de armamento y otros recursos desde Estados Unidos a Israel.
En este panorama internacional, uno debe preguntarse qué harían los gobiernos de la región si estalla un conflicto militar directamente con la República Islámica de Irán y comienzan una serie de atentados terroristas contra empresas, ciudadanos o embajadas israelíes y estadounidenses en estos países.
Será que van a enfrentar este tipo de situaciones con medidas policiales y militares adecuadas en un marco de neutralidad o asumirán una posición definitivamente hostil hacia los gobiernos occidentales, bajo la premisa de que estamos en un mundo «multipolar» y por ello, no piensan asumir posiciones en contra de estos países.
Hay gobernantes que no entienden que más peligroso que estar fuera de la agenda política de los bloques, es estar fuera de la agenda de inversiones y cuotas de mercado de las multinacionales occidentales y sus ministros de economía, lo que es muy diferente de lo que hace el gobierno chino, que a pesar de su inmensa fortaleza económica, no toma medidas radicales que pongan en riesgo sus mercados en Europa y Estados Unidos, mientras que los gobiernos latinoamericanos hacen todo lo posible por molestar a los países occidentales, desligándose de las consecuencias económicas y tecnológicas de dichas acciones. No es casualidad que las empresas estadounidenses prefieran invertir en Vietnam, donde ningún político local llama a la expropiación ni a reparaciones de guerra, porque allá si entienden la importancia de las inversiones extranjeras, que ha producido países tan desarrollados como Singapur y Taiwan, lo cual han sido referentes para dichos países en sus políticas de desarrollo industrial en Asia.
El único conflicto militar importante de carácter regional que falta es una guerra entre China contra Filipinas y sus vecinos por el control del Mar del Sur de China, donde al igual que en el caso de Taiwán, no ha ocurrido una respuesta masiva del gobierno chino, debido a la posibilidad de una guerra abierta con Estados Unidos y sus aliados, lo cual pondría en riesgo total a toda la humanidad, debido a que estos países si tienen los recursos militares convencionales para una guerra larga y en todos los continentes, descartando el plano atómico, por razones de supervivencia.
Aun en este caso, no tengo duda de que los 140 países en vías de desarrollo, que tienen a China como su principal punto comercial e incluso como inversor extranjero, saldrían a apoyar al gobierno chino, comenzando los gobiernos de nuestros países, que harían misas por la paz y llamados a respetar la integridad territorial de «Una Sola China», pero al menos en este caso pueden argumentar las élites políticas la existencia de una «razón de Estado» como es la dependencia comercial y financiera que tienen muchos gobiernos de parte de las empresas e instituciones chinas.
Muy diferente son los casos anteriores como el ucraniano, donde solo pocos gobiernos tienen una dependencia militar-tecnológica y mucho menos comercial y financiera de la Federación Rusa en Latinoamérica, por lo cual es sin duda un asunto de malcriadez y rebeldía, que no tiene sustento ideológico, puesto que Rusia no es el polo comparativo que fue la Unión Soviética con su paradigma comunista que la Rusia autocrática de Putin, donde misticismo y nacionalismo se han mezclado en las ideas defendidas por dicho gobierno (véase: Alexander Dugin), mientras que en el caso palestino no hay razones económicas ni militares que justifiquen estas posiciones, sino creencias que van desde defensa de la independencia nacional, o razones humanitarias asociadas a la muerte de civiles o simplemente a la búsqueda de llevar la contraria a los países occidentales, puesto que los mismos gobiernos latinoamericanos no hacen ningún esfuerzo por otros pueblos en condición similar como el Sahara Occidental, Birmanos o incluso el pueblo araucano de Chile, que está en forma creciente y sostenida luchando por sus tierras ancestrales y en la práctica por su independencia.
No me sorprendería ver políticos dentro de la Celac pidiendo la independencia de Quebec (Canadá), Cataluña (España) o Escocia (Reino Unido), pero si se presentan movimientos indígenas a hacer lo mismo, aparecen los discursos de que son agentes de la CIA, pagados para destruir la sagrada unidad de nuestras naciones.
En este sentido, la pregunta número 5° del referendo a realizarse en Venezuela el próximo 3 de diciembre de 2023 tiene este tipo de componente especial, puesto que darle la nacionalidad venezolana a la población del Esequibo, crearía una dualidad, como la que rechaza China de los habitantes de Hong Kong, a los cuales el gobierno británico consideró darles plena ciudadanía a 3,5 millones de hongkonianos, tal como si ha hecho Rusia en las provincias conquistadas de Ucrania, donde entrega documentos de identidad rusos, para sustituir a los ucranianos en forma definitiva.
En conclusión, los gobiernos de nuestros países de Latinoamérica están realizando una estrategia política de alto riesgo a nivel global porque su apoyo a los países enemigos de Occidente puede resultar fatal en caso de que estallen guerras abiertas donde dichas potencias sean derrotadas militarmente, pues no solamente podrían ser objeto de represalias comerciales, financieras o incluso militares y de inteligencia, sino que más grave aún, puede resultar fatal la indiferencia económica y tecnológica de los países desarrollados hacia nuestra región.
El caso del gobierno de Venezuela es por mucho el más grave de todos, por ser el enemigo total del capitalismo global, del gobierno estadounidense, del establecimiento israelí sobre Palestina, de acuerdo con los discursos oficiales de los voceros de la política exterior, por lo cual es de esperarse que sea un botón de muestra de lo que va a acontecer en Latinoamérica en los próximos tiempos.


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